¿Dónde están?

Existen números y nombres que se vuelven referentes, nombre y números que se vuelven símbolos de alguna manera, es decir lugares dónde el significado se vuelve inagotable, inabarcable. En la historia contemporánea mexicana y en las luchas cotidianas de nuestro país existen más de un símbolo lo suficientemente poderoso para englobar todo, para decir mucho.
Sin duda uno de los ejemplos más traumáticos en nuestro país es el 43, ese número incómodo que siempre convoca a no solamente hablar de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, sino a las luchas por las y los desaparecidos en México. Dentro de ese 43 ya no sólo entran los normalistas desaparecidos la noche del 26 de septiembre del 2014, sino todos aquellos a los que se llevaron vivos, a los que desaparecen, a los que se buscan. El 43 se convirtió en el referente obligatorio para dudar de las verdades históricas enunciadas por las autoridades y el Estado, en el referente para desmentir las verdades fabricadas y mentirosas.
El 72 es otro de los símbolos dolorosos en nuestro país en los últimos años. La Masacre de San Fernando en Tamaulipas en 2010 se mostraría como un punto álgido y terriblemente doloroso en la crisis humanitaria que se vive en nuestro país en temas migratorios. Ese 22 y 23 de agosto esos 72 migrantes centro y sudamericanos asesinados por integrantes del cártel de los Zetas se convertirían en un número recurrente en el imaginario mexicano para entender el tema de la violencia por la guerra contra el narcotráfico y el calvario que se viven en los pasos migratorios.
Ahora, ¿por qué hablar de los símbolos en las luchas sociales? Porque pareciera ser que a veces necesitamos esas gotas que derramen el vaso, esos números y nombres donde quepa mucho y se diga todo. En el caso de la crisis de violencias contra las mujeres el nombre de Debanhi Escobar se ha convertido en eso, en un rostro imborrable, en un símbolo que ha permitido dimensionar la crisis de violencia feminicida en el Estado mexicano.
Más allá de la mediatización del caso algo poderosamente importante fue la construcción del nombre de la joven en un símbolo de búsqueda para las mujeres desaparecidas. Debahni tan se convirtió en un símbolo que en búsqueda permitió el descubrimiento de otras cinco mujeres desaparecidas en la misma entidad, tan grande se volvió su nombre y su muerte que el padre de Yolanda Martínez, otra joven neolonesa desaparecida, acompañó a la familia Escobar en el ritual de despedida de los restos de la chica.
Debahni nos ha recordado la herida dolorosa de ser mujer en un país violentísimo como el nuestro, pero también nos recordó la importancia de continuar en las búsquedas, de nombrar a las desaparecidas, de convertir a todas en ellas en símbolos de las búsquedas y luchas diarias para combatir la violencia feminicida. Ahí la importancia del símbolo pues es partir de él que se une y se teje, se construye un significado compartido entre las sociedades en el que se enmarca.
La Comisión Nacional de Búsqueda informó que en México hay un total de 20 mil 148 mujeres desaparecidas o no localizadas. Durante la actual administración se han contabilizado 7 mil 901 desapariciones de mujeres aumentando cada año pues en 2018 hubo mil 687 mujeres no localizadas; en el 2019, mil 890; en 2020, dos mil 250, y en el 2021, dos mil 795 desapariciones de este tipo.
En el caso de Debhani pareciera ser que entran todas ellas más las que han desaparecido en este 2022, se nombran a todas ellas y a quienes han desaparecido este año. Por ejemplo:
Se nombra a Yolanda Martínez Cadena de 26 años desaparecida el 31 de marzo de 2022 en Nuevo León y a Lourdes Paola Ibarra Hinojoza de 26 años desaparecida 7 de marzo de 2022 en Querétaro, se nombra a Ana Guadalupe Mendieta Papalotzi de 22 años desaparecida el 23 de febrero de 2022 en Tlaxcala y a Petra Álvarez Garza de 38 años desaparecida el 3 de abril de 2022 en Chihuahua; se nombra a Ariadne Cruz Martínez de 13 años desaparecida el 5 de abril de 2022 en Tamaulipas, se nombran a Azula Yamile Vázquez Araujo de 15 años desaparecida el 19 de abril de 2022 y a Aime Noguez de 14 años desaparecidas el 1 de marzo en el estado de México, se nombra a Valeria Daylin Carrillo Jasso de 20 años desaparecida el 26 de enero de 2022 en Baja California Sur, se nombra a Ashley Sofia Rodríguez García de 19 años desaparecida el 19 de abril de 2022 en el estado de México y a Brenda Patricia Rojas Piña de 38 años desaparecida el 4 de abril de 2022 en Sinaloa, se nombra a Ana Laura López Loaiza de 23 años desaparecida el 4 de abril de 2022 en Tlaxcala y a Celeste Tranquilino Hernández de 16 años desaparecida el 31 de marzo de 2022 en Nuevo León, se nombra a Denis Miravete Hernández de 14 años desaparecida el 8 de abril de 2022 en Veracruz
¿Dónde están todas ellas y las que faltan? No sabemos, pero a todas ellas se les nombra, se les busca, porque en la lucha de una se buscan a todas.

Autor: Ameyalli Valentín Sosa
Politóloga- UNAM
Twitter: @AmeValentinS

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