Querer parecerse a EEUU es parte de la historia de México

En los últimos días se puso de moda hablar de geopolítica (debido a la guerra entre Rusia y Ucrania) y México no fue la excepción, ya que nuestra cercanía con Estados Unidos nos convierte en un Estado estratégico. Además, esa cercanía ha influenciado de muchas maneras nuestra forma de vida, nuestro pensar y actuar. Somos férreos consumidores de la cultura estadounidense (si no, pregúntese por Netflix) e ideologías aspiracionistas tales como “el sueño americano”. Al final del día, la influencia política, económica, social y cultural de Estados Unidos sobre México hunde sus raíces en la fundación de nuestro país (que realmente es muy reciente).

En esas épocas fundacionales, muchos pensadores dieron su opinión y puntos de vista sobre la forma en la que México se conducía -o debía conducirse-. Muchos pensadores han sido descartados de la historia oficial debido a cuestiones ideológicas, pero hubo algunos que destacaron por su lucidez y su profunda comprensión del México en el que vivíamos y -¿por qué no?- en el que seguimos viviendo.

Fray Servando Teresa de Mier fue un fraile dominico, sacerdote liberal y escritor de numerosos tratados sobre filosofía política durante el contexto de la independencia de México (1810). Es también conocido por sus discursos y su capacidad de persuasión, puesto que, al ser un gran orador, contaba con un poder de convencimiento enorme. Uno de sus discursos más célebres es el conocido coloquialmente como “Discurso de las profecías”, en donde reclama al gobierno mexicano ser endeble ante la opinión ignorante e infundada de los habitantes de provincias que poco o nada saben sobre política. Al mismo tiempo reprende a los constituyentes por querer imponer una forma de gobierno (República Federada) en México, sin tomar en cuenta que las condiciones predominantes del territorio no son similares a las de Estados Unidos.

Echemos un ojo a su discurso (no tiene desperdicio): “La prosperidad de esta república vecina [Estados Unidos] ha sido, y está siendo el disparador de nuestra América porque no se ha ponderado bastante la inmensa distancia que media entre ellos y nosotros. Ellos eran ya Estados separados e independientes unos de otros, y se federaron para unirse contra la opresión de la Inglaterra; federarnos nosotros estando unidos, es dividirnos y atraernos los males que ellos procuraron remediar con esa federación. Ellos habían vivido bajo una constitución que con sólo suprimir el nombre de rey es la de una república: nosotros encorvados 300 años bajo el yugo de un monarca absoluto, apenas acertamos a dar un paso sin tropiezo.

En el estudio desconocido de la libertad somos como niños a quienes hace poco han quitado las fajas, o como esclavos que acabamos de cargar cadenas invertebradas. Aquél era un pueblo nuevo, homogéneo, industrioso, laborioso, ilustrado y lleno de virtudes sociales, como educado por una nación libre; nosotros somos un pueblo viejo, heterogéneo, sin industria, enemigos del trabajo y queriendo vivir de empleos como los españoles tan ignorantes en la masa general como nuestros padres, y carcomido de los vicios anexos a la esclavitud de tres centurias.

Aquél es un pueblo pesado, sesudo, tenaz; nosotros una nación de veletas, si se me permite esta expresión; tan vivos como el azogue y tan movibles como él. Aquellos sus estados forman a la orilla del mar una franja litoral y cada uno tiene los puertos necesarios a su comercio; entre nosotros sólo en algunas provincias hay algunos puertos o fondeaderos, y la naturaleza misma, por decirlo así, nos ha centralizado.”

Partiendo de la idea de que la república no tiene por qué ser la misma en todas partes, surge la argumentación anterior de Fray Servando – la cual sería ocioso parafrasear siendo muy clara por sí misma –. Ya ha habido algunos ejemplos de países republicanos que no siguieron una fórmula única, sino que, a partir del reconocimiento de sus características, lograron federarse y establecer una república. Quizá sea por la cercanía que hay entre Estados Unidos y México es que se haya tratado de imitar a diestra y siniestra su modelo republicano, pero este hecho representa una salida peligrosa a los objetivos del territorio, puesto que no se comparten las mismas condiciones, ni políticas, ni sociales, ni culturales.

Finalmente, el discurso de las profecías está basado en una visión aguda de la sociedad mexicana de ese entonces (inicios de 1800). Fray Servando era un hombre sumamente perspicaz que logró reconocer las características propias de su país y de sus habitantes. Lejos de lamentarse por qué no son de tal o cual manera, supo proponer acciones que iban acorde a la naturaleza del territorio y su población. Sus profecías, con respecto a las desgracias que en México caerían son, al día de hoy, absolutamente ciertas.

Autor: Vidany Ojeda – Politólogo UNAM
Twitter: @vidanyhbo

Comenta
Spread the love

Check Also

Ucrania y Rusia: la añeja historia

La Rhus (arbusto leñoso) de Kiev existió del siglo IX al XIII. Fue una federación …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.