Ávila Camacho y el INE de Lencho Córdova

Manuel Ávila Camacho, general sin batallas fue presidente de la República de 1940 a 1946. Sucedió a Lázaro Cárdenas y para apaciguar a los reaccionarios declaró: «Soy creyente».

En 1942 en el Distrito Federal se develó la bellísima estatua de Diana Cazadora o Artemisa. La esposa de Ávila Camacho impuso su carácter de «Primera Dama» sin mencionar quienes eran «segundas». Decidió ponerle calzones a la estatua de Olaguibel, se impuso la beatería.

Hoy en pleno Siglo XXI y en una sociedad «moderna» contamos con un INE, más caro que una suegra exigente. Despilfarrador al grado que cuenta con una burocracia abundante y 262 ASESORES.  Lencho Córdova suma 11 ASESORES. El actual edificio es un ejemplo del «Elefante Reumático» y se reproduce en todo el país.

Igualmente caro, lento y desacreditado. Pero este monstruo además aplica normas RIDÍCULAS. Las vedas electorales es una de ellas. Silencio sepulcral ante de las elecciones, multas los transgresores y júbilo de esos burócratas de última, porque silencian al Presidente de la República. Exigencia de cuantiosas ampliaciones presupuestales al grado que en la Revocación de Mandato pondrán el tercio de casillas para votar pero costarán 3 veces más que en la frustrada elección par juzgar expresidentes.

¡Cómo juzgar a Peñasco que puso en ese paraíso a enriquecer a Lencho, Murayama remedo de Sancho Panza y al eterno Jacob!  De paso los gastos son abusivos, viajes al extranjero y gastos de representación gordos. Además de la «desaparición» de 300 autos del INE.

Pero Lencho y sus pigmeos adoptan poses de jueces y son «patos tirando a las escopetas». Además, para algunos resulta inexplicable el odio acérrimo de Lencho contra AMLO. El pobre Lencho, identificado plenamente con el salinismo vía su incorporación al Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, que mangoneó Jorge Carpizo, secretario de Gobernación, padeció la «fraterna devoción amistosa» de su padre con AMLO que describió en La Jornada 2013 y 2014 poco antes de morir.

Es decir Lencho ambicioso por dinero y puestos, profundamente reaccionario, en su casa necesariamente confrontó a sus padres, ambos de izquierda, reconocidos intelectuales cuya trayectoria fue democrática sin desviaciones. Las amistades de esa familia se sorprendían del conservador «retoño» de esa talentosa pareja.

Eso explica la rabia cotidiana de Lencho contra el tabasqueño la 4T y todo lo que huela a pueblo. Aún podemos esperar de Lencho «El Sacristán de la Democracia Infusa» otras mordidas a todo lo que cuestione y ponga en duda al pensamiento y acción de la derecha, de la Reacción Antediluviana.
Por Rubén Mújica Vélez

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