El Papa Francisco reza por las víctimas de la guerra en 'Hosh al-Bieaa', la Plaza de la Iglesia, en la ciudad vieja de Mosul, Irak. 7 marzo 2021. REUTERS/Yara Nardi

Entre las ruinas de la ciudad iraquí de Mosul, el Papa escucha sobre la vida bajo el Estado Islámico

Entre las ruinas de la ciudad iraquí de Mosul, residentes musulmanes y cristianos le contaron al Papa Francisco sus vidas bajo el brutal gobierno del Estado Islámico el domingo, cuando el pontífice bendijo su voluntad de resurgir de las cenizas, diciendo que «la fraternidad es más duradera que el fratricidio».

Francisco voló en helicóptero a la ciudad norteña para alentar la curación de las heridas sectarias y orar por los muertos de cualquier religión.

El papa de 84 años vio ruinas de casas e iglesias en una plaza que era el centro próspero del casco antiguo antes de que Mosul fuera ocupada por el Estado Islámico de 2014 a 2017. Se sentó rodeado de esqueletos de edificios, escaleras de hormigón colgantes y antiguos iglesias destruidas, la mayoría demasiado peligrosas para entrar.

«Juntos decimos no al fundamentalismo. No al sectarismo y no a la corrupción», dijo al Papa el arzobispo caldeo de Mosul, Najeeb Michaeel.

Gran parte de la ciudad vieja fue destruida en 2017 durante la sangrienta batalla de las fuerzas iraquíes y una coalición militar internacional para expulsar al Estado Islámico.

Francisco, que está protagonizando el histórico primer viaje de un Papa a Irak, se sintió visiblemente conmovido por la devastación que lo rodeaba, similar a la producida por un terremoto. Oró por todos los muertos de Mosul.

«Qué cruel es que este país, la cuna de la civilización, se haya visto afligido por un golpe tan bárbaro, con antiguos lugares de culto destruidos y muchos miles de personas -musulmanes, cristianos, yazidíes y otros- desplazados por la fuerza o asesinados», declaró.

«Hoy, sin embargo, reafirmamos nuestra convicción de que la fraternidad es más duradera que el fratricidio, que la esperanza es más poderosa que el odio, que la paz es más poderosa que la guerra», agregó.

Una intensa seguridad ha rodeado su viaje a Irak. Camionetas militares montadas con ametralladoras escoltaban a su caravana y hombres de seguridad vestidos de civil se mezclaban en Mosul con las empuñaduras de las armas que emergían de las mochilas negras que llevaban en el pecho.

En una aparente referencia directa al Estado Islámico, Francisco dijo que la esperanza nunca podría ser «silenciada por la sangre derramada por aquellos que pervierten el nombre de Dios para seguir caminos de destrucción».

Luego leyó una oración que repite uno de los asuntos principales de su viaje: que siempre está mal odiar, matar o hacer la guerra en nombre de Dios.

Los combatientes del Estado Islámico, un grupo militante suní que intentó establecer un califato en la región, devastaron el norte de Irak entre 2014 y 2017, matando a cristianos y musulmanes que se oponían a ellos.

«MIEDO DE VOLVER»

La comunidad cristiana de Irak, una de las más antiguas del mundo, se ha visto particularmente devastada por años de conflicto, cayendo a unos 300.000 desde aproximadamente 1,5 millones antes de la invasión estadounidense de 2003 y la brutal violencia militante islamista posterior.

El padre Raid Adel Kallo, pastor de la destruida Iglesia de la Anunciación, contó cómo en 2014 huyó con 500 familias cristianas y que ahora hay menos de 70 familias presentes.

«La mayoría ha emigrado y tiene miedo de regresar», dijo. «Pero yo vivo aquí, con dos millones de musulmanes que me llaman padre y estoy viviendo mi misión con ellos», agregó, contando al Papa de un comité de familias de Mosul que promueve la convivencia pacífica entre musulmanes y cristianos.

Un miembro musulmán del comité de Mosul, Gutayba Aagha, instó a los cristianos que habían huido a «regresar a sus propiedades y reanudar sus actividades».

Luego, Francisco voló en helicóptero a Qaraqosh, un enclave cristiano que fue invadido por combatientes del Estado Islámico y donde las familias han regresado lentamente y reconstruido sus casas en ruinas.

En Qaraqosh tuvo la bienvenida más tumultuosa hasta ahora en el viaje, con miles de personas extasiadas llenando los bordes de las carreteras para poder ver a su líder religioso.

La mayoría no usaba máscaras a pesar del creciente número de casos de COVID-19 en el país.

«No puedo describir mi felicidad, es un hecho histórico que no se repetirá», dijo Yosra Mubarak, de 33 años, quien estaba embarazada de tres meses cuando salió de su casa hace siete años con su esposo e hijo, huyendo de la violencia.

Francisco ha hecho hincapié en la paz interreligiosa desde el inicio de su viaje el viernes.

El sábado sostuvo una reunión histórica con el principal clérigo chií de Irak y visitó el lugar de nacimiento del profeta Abraham, condenando la violencia en el nombre de Dios como «la mayor blasfemia».

(Reporte de Eleanor Biles y Philip Pullella en Mosul y Amina Ismail en Qaraqosh; escrito por John Davison en Bagdad; editado en español por Carlos Serrano)

Por Philip Pullella y Amina Ismail
Reuters

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