Alberto Fernández ve un eje progresista con López Obrador, quien dio su apoyo en la negociación con el FMI

La visita de Alberto Fernández a México quedó trastocada por el escándalo de las vacunas vip en la Argentina, que atormentó a la nutrida comitiva presidencial desde el momento en el que pisó la Ciudad de México. En el Gobierno reconocen los errores -ven una falla evidente en los protocolos-, pero creen que la crisis se exageró. La energía oficial está puesta ahora en dejar atrás las fallas y avanzar con la vacunación. A la par del escándalo, el viaje de Fernández dejó el fortalecimiento de un eje progresista con el gobierno de López Obrador, quien además ofreció su respaldo en la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

«Le plantée a López Obrador construir un eje que derrame contenido político a la región y que ese contenido esté gobernado por valores, por éticos y por lógicas progresistas», dijo Alberto Fernández, al cierre de un día eterno que había comenzado con su diatriba en la conferencia de prensa junto a López Obrador en el Palacio Nacional.

El buen vínculo de Fernández y AMLO quedó a la vista en la sintonía que exhibieron durante la «mañanera», donde ambos criticaron a los medios, al neoliberalismo, y la concentración de las vacunas en las economías desarrolladas. Ambos mandatarios siguen una misma línea en todos los temas, con matices, quizá, respecto de su visión sobre Estados Unidos.

Fernández cree que México ofrece una gran oportunidad para la Argentina, y aspira a reforzar un lazo que, a su juicio, quedó un tanto descuidado por la atención en el Mercosur. No aspira a reemplazar a Brasil con México, pero sí a buscar más negocios, y buscar la unidad regional desde esa alianza. «Hagamos de América latina el continente de la igualdad», dijo en el Senado mexicano.

La cobertura mediática del escándalo de las vacunas por los privilegios de los que gozaron allegados al poder causó mucho malestar en la comitiva. Entienden que el escándalo seguirá, pero creen que ya se tomaron las medidas necesarias para corregir los abusos, y remarcan que ahora la prioridad es corregir los protocolos y vacunar a la gente. Punto.

Durante su cumbre en el Palacio Nacional, Fernández y López Obrador también hablaron sobre una necesidad que comparten: forjar un buen vínculo con la Casa Blanca de Joe Biden. No hablaron sobre Venezuela, una crisis que en la Casa Rosada creen que requiere de ideas nuevas y un diálogo que involucre a todos los actores.

«Yo tengo la expectativa de que con Biden recuperemos una agenda que con Trump no existía», dijo el Presidente.

Para la Casa Rosada, tejer una relación constructiva con el nuevo gobierno norteamericano es una misión indispensable para llevar a buen puerto la negociación con el Fondo Monetario, uno de los principales objetivos en la agenda económica del Gobierno. López Obrador le dijo que podía contar un 100% con su respaldo en la negociación que encaró la Argentina, un respaldo que si bien tiene poco peso en el board del organismo, en el oficialismo piensan que puede ayudar para conseguir el apoyo de la Casa Blanca.

«Ni queremos dilatar el acuerdo ni estamos haciendo nada para postergarlo ni están trabadas las negociaciones», dijo, enfático, Fernández.

Las especulaciones sobre una demora del nuevo programa con el Fondo, incluso más allá de las elecciones de octubre, están instaladas desde hace ya tiempo. Ninguno de los funcionarios del gobierno nacional involucrados en las tratativas con Washington lo niega. Fernández dejó varias definiciones en México al respecto: no le puso una fecha concreta al acuerdo, insistió en que quiere un buen programa, que se pueda cumplir, y que la última palabra la tendrá él, y no la vicepresidenta, Cristina Kirchner.

Fernández cree que el préstamo que el Fondo le otorgó a Mauricio Macri fue un crédito atípico, y entonces la salida tiene que ser singular, y el FMI debería revisar los tiempos de todas sus líneas para todos los países debido a la pandemia. Eso permitiría, por ejemplo, intentar negociar un mejor programa a 20 años, una posibilidad hoy por hoy imposible. Pero en el entorno presidencial reconocen que alterar los tiempos requiere del visto bueno del G7, algo que está lejos.

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