Por El Nito:
Cuando escuchamos sobre la guerra en Gaza o los ataques en Ucrania, lo primero que pensamos es que son problemas que ocurren a miles de kilómetros de distancia. Israel está a 12, 000 km de México y Ucrania a uno 10,800 km. La distancia parece enorme, pero las consecuencias de esos conflictos llegan hasta nosotros de maneras que a veces no vemos.
En Medio Oriente, Israel y Hamás siguen enfrentados en Gaza. A unos 240 km de allí, en Líbano, los ataques aumentan el riesgo de que la violencia se expanda. Más lejos, a 1, 500 km, en Irán, las protestas internas y la tensión con Estados Unidos mantienen a la región en alerta.
En Europa del Este, la guerra entre Rusia y Ucrania continúa sin solución. Aunque está a miles de kilómetros, sus efectos se sienten en la economía global: precios de energía más altos, incertidumbre en los mercados y cambios en las relaciones internacionales que repercuten en países como México.
La reflexión que debemos hacer es sencilla: aunque los conflictos parecen lejanos, vivimos en un mundo conectado. Lo que ocurre allá puede afectar nuestra vida aquí, desde el costo de la gasolina hasta la estabilidad de nuestras comunidades.
Más allá de las narrativas de poder, lo importante es pensar en las personas: en quienes sufren directamente la violencia y en cómo nosotros, desde la distancia, podemos aprender a valorar la paz, el diálogo y la solidaridad.
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