Octavio Lira Navegante
Colaborador invitado.
El movimiento social de 2006 en Oaxaca no solo dejó una huella política en el estado, también dio origen a un conjunto de imágenes que transformaron la protesta en un lenguaje visual propio, donde lo religioso, lo popular y lo político se mezclaron en las calles.
Durante los meses de conflicto, tras la crisis política y las movilizaciones encabezadas por la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), la ciudad se llenó de barricadas que fueron mucho más que puntos de defensa. En muchos casos se convirtieron en espacios de encuentro, organización y expresión comunitaria.
Ahí comenzaron a circular imágenes que reinterpretaron símbolos religiosos desde el contexto de la protesta. Una de las más conocidas fue la llamada “Virgen de las Barricadas”, una versión de la Virgen de Guadalupe adaptada con elementos de resistencia como máscaras y referencias directas al ambiente de conflicto en las calles.

También apareció el “Santo Niño APPO”, una figura del Niño Jesús intervenida con objetos cotidianos y símbolos del movimiento, que se colocaba en altares improvisados dentro de las barricadas, en marchas y en puntos de organización popular.

Estas imágenes se integraron de manera natural al paisaje del movimiento. No eran piezas aisladas, sino parte de un entorno donde la vida cotidiana, la fe y la protesta se cruzaban constantemente, en un contexto de alta tensión social.
En Oaxaca, como en otros momentos de la historia de América Latina, la religión funcionó también como un lenguaje compartido para expresar lo político. Las imágenes religiosas no desaparecieron en la protesta: fueron reconfiguradas para dar sentido a la resistencia.
A casi dos décadas, estas expresiones siguen siendo parte de la memoria visual del movimiento de 2006, recordando cómo en las calles de Oaxaca la protesta también se contó a través de imágenes, símbolos, canciones de protesta y devociones reinventadas.
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