En un giro inesperado en la política internacional, Irán presentó a Estados Unidos un plan de paz de diez puntos con el objetivo de poner fin a las hostilidades y abrir una nueva etapa de diálogo. El documento, entregado en Teherán, contempla compromisos nucleares, levantamiento de sanciones y garantías de seguridad en el estratégico estrecho de Ormuz. La Casa Blanca confirmó que también recibió una versión “condensada” del plan, diseñada para acelerar las negociaciones.
El contenido del acuerdo incluye la promesa iraní de no fabricar armas nucleares, la creación de un fondo de compensación por daños derivados del conflicto y la reapertura parcial del estrecho de Ormuz durante el alto el fuego. Además, se plantea el intercambio de prisioneros y la instauración de un canal diplomático permanente para evitar futuras crisis. Irán insiste en que el pacto debe ser integral y rechaza cualquier solución limitada.
Desde Washington, el presidente Donald Trump declaró que las conversaciones se encuentran en una “etapa muy avanzada” y que existe una posibilidad real de alcanzar un acuerdo definitivo. Sin embargo, la administración estadounidense mantiene reservas sobre la verificación de los compromisos nucleares y la implementación de mecanismos de seguridad regional. La tensión se mantiene mientras ambas partes buscan un terreno común.
El desenlace de estas negociaciones tendrá un impacto decisivo en la estabilidad del Golfo Pérsico y en la economía iraní, duramente golpeada por las sanciones. Un acuerdo exitoso podría marcar el inicio de una nueva etapa en las relaciones bilaterales, mientras que un fracaso podría reavivar el riesgo de una escalada militar. El mundo observa con atención el desarrollo de este proceso que podría redefinir el equilibrio geopolítico en Oriente Medio.
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