En Oaxaca, el tepache no solo se bebe, también se hereda. Esta preparación fermentada a base de maíz y piloncillo continúa siendo un símbolo de identidad colectiva y una expresión viva del conocimiento tradicional que ha pasado de generación en generación.
Su origen se remonta a tiempos prehispánicos y su nombre proviene del náhuatl tepiatl y tepachoa, palabras que aluden tanto a la bebida como al proceso de prensado del maíz. La receta, transmitida de manera oral, consiste en tostar el grano, molerlo y dejarlo fermentar con agua y panela en ollas de barro, lo que da como resultado un líquido dulce con notas ácidas y aroma terroso.
En distintas regiones del estado, esta bebida adquiere matices únicos: en la Sierra Mixe se combina con pulque, en Cuicatlán se agrega fruto de cardón, y en Santa María Nutío se utiliza maíz colorado junto con hojas de tabaco. Cada variante refleja la relación particular de las comunidades con su entorno natural.
Más allá de su sabor, el tepache representa la continuidad cultural de los pueblos oaxaqueños. Su permanencia frente a las bebidas industriales reafirma el valor de las prácticas ancestrales y el respeto por la tierra que les da origen.
Códices Oaxaca Periodismo de Intéres