Se acostumbra el cerebro a corrupción

Se acostumbra el cerebro a corrupción

A través de un estudio empírico y de resonancias magnéticas, científicos del University College de Londres revelaron que el cerebro se habitúa a la corrupción, cuando se trata de obtener un beneficio propio.

?Proveemos evidencia empírica de un aumento gradual de deshonestidad basada en el autoservicio y revelamos los mecanismos neuronales que lo apoyan?, señala el artículo publicado en la revista Nature.

Para demostrarlo, los investigadores reclutaron a 58 individuos de 18 a 65 años. Una parte de los integrantes tenía que calcular cuántas monedas cabían en un recipiente con un acompañante, que era un miembro del equipo investigador haciéndose pasar por otro participante.

Dependiendo del cálculo en cada fase, el resultado beneficiaría al participante y a su acompañante, al individuo a costa de su compañero, o al contrario, sería útil para el polizonte pero no para el participante.

Conforme avanzó el juego, los científicos descubrieron que las pequeñas mentiras para obtener una ganancia a costa del compañero se incrementaban.

Los investigadores consideran que desde el fraude financiero al plagio, pasando por las estafas en línea y la mala praxis científica, los que incurren en estos hechos describen cómo pequeñas mentiras se transformaron en grandes engaños con el paso del tiempo.

A la segunda parte de los participantes se les midió, a través de una resonancia magnética, la actividad cerebral cuando mentían.

La amígdala, encargada de regular las respuestas emocionales, fue perdiendo actividad mientras el experimento progresaba.

?El resultado relaciona la sensibilidad disminuida de la amígdala al aumento de la deshonestidad?, puntualiza el artículo.

Los científicos también confirmaron que la mentira para el beneficio de otro es percibida como moralmente aceptable.

?Cuando los participantes fueron deshonestos para el beneficio de alguien más, la deshonestidad se observó a una tasa constante?.

La deshonestidad repetida per se no es suficiente para que haya un aumento en ella: debe haber un beneficio propio para que haya reincidencia, concluyen los investigadores

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Mario Martínez
Reportero Multimedia. Lic, en Periodismo y Comunicación Colectiva,

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