Krüger: seducción, poder y corrupción

Krüger: seducción, poder y corrupción

La historia de una rubia de ojos azules que usó sus encantos como arma para infiltrarse en las altas esferas de la administración de Manuel Ávila Camacho y favorecer al régimen nazi de Adolf Hitler es contada por el historiador y periodista Juan Alberto Cedillo en Hilda Krüger. Vida y obra de una espía nazi en México.

Llegada al país en 1941 como Hilde Katherine Krueger Grossmann, esta espía aprovecharía su facilidad para relacionarse con el sexo opuesto para lograr una serie de objetivos.

La ruta a México tiene una escala previa en Estados Unidos, en 1939. La actriz se entronizó en el ambiente cinematográfico bajo la imagen de buscadora de oportunidades.

“Frente al espejo de su cómoda habitación se prometió conquistar ese ‘nuevo’ y espectacular mundo; Cueste lo que cueste”, explica Cedillo.

Posteriormente, en México, con la misma fachada de actriz en busca del papel de su vida, se acercó a personajes como Miguel Alemán, entonces secretario de Gobernación y, posteriormente, sucesor de Ávila Camacho en la Presidencia. Sus relaciones, todas, tuvieron un papel estratégico a favor del Tercer Reich, en colaboración con una red de agentes secretos también llegados desde Europa con la misión de fungir como un grupo de avanzada en América como parte de las aspiraciones expansionistas de Hitler.

“Me perdí al principio entre tanta información, no podía asimilarla, y el personaje de Krüger vine a descubrirlo hasta después de revisar documento tras documento”, comenta el autor sobre la investigación que tuvo que realizar en el Archivo Nacional de Estados Unidos en 1985, fecha en que dichos archivos son desclasificados.

El rastreo de datos se logró en Estados Unidos pues gran parte de la información en México sobre el papel de Krüger como agente fue destruida por las autoridades mexicanas, quienes se encargaron de borrar cualquier vínculo que relacionara a la actriz con operaciones pronazis.

“Miguel Alemán movió todas sus piezas y utilizó hasta sus propios archivos para argumentar que la mujer no era una espía. Informó que el Departamento de Investigaciones Políticas y Sociales no tenía evidencias sobre sus presuntas actividades en ese sentido, aunque omitía que las pruebas que llegó a tener ya habían sido destruidas”, explica.

Además de su poder de seducción, Cedillo considera que la corrupción fue el otro factor que permitió el éxito de la agente encubierta.

“Siempre ha habido corrupción en cierto nivel, pero en este asunto se ve muy claro cuando uno de los principales agentes nazis en México hace su declaración ante el FBI al final de la guerra, siempre trata de encubrir a los funcionarios mexicanos. Él cuenta todo lo que hizo en el país en sus actividades de espionaje, menos la protección y la relación que tuvo con la gente del gobierno, y dado que manejaba la nómina que recibía desde Europa, nunca menciona que en esta se incluía a políticos, militares e incluso funcionarios de alto nivel”, resalta.

Para Cedillo, México era clave en la Segunda Guerra Mundial gracias al petróleo, ya que entonces era proveedor tanto de Estados Unidos como de países de Europa.

La vecindad con Estados Unidos y la preocupación del gobierno norteamericano provocó actividades de contraespionaje y de seguimiento a los agentes encubiertos llegados desde Alemania, incluida Krüger.

La operación seducción concluye, según el autor, al lograrse la captura de Krüger y de la mayoría de los agentes que trabajaban con ella. Una suma de presiones al gobierno de Ávila Camacho obligaron al gobierno mexicano a colaborar con Estados Unidos después de la declaración de guerra de ese país como consecuencia del ataque a la base de Pearl Harbor en el Pacífico.

About the author

Mario Martínez
Reportero Multimedia. Lic, en Periodismo y Comunicación Colectiva,

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