El virus que se quedará por años

El virus que se quedará por años

El territorio mexicano inicia esta semana en alto y máximo riesgo por covid-19. Las autoridades llaman a priorizar los cuidados y, al mismo tiempo, estar conscientes de que la epidemia no se puede “suspender” y habrá que retomar una nueva forma de vivir

Texto: Redacción Pie de Página

Imagen: Arturo Contreras

La intención de las autoridades sanitarias es que en la nueva normalidad la sociedad se incorpore a la idea de que habrá que vivir con covid-19 por muchos meses, posiblemente años. Un periodo en el que el coronavirus seguirá causando enfermedades y muertes.

Así lo advirtió este domingo el subsecretario de Promoción y Prevención de la Salud, Hugo López-Gatell: “Es fundamental empezar a incorporar una nueva forma de vivir, respecto a la prevención de una enfermedad infecciosa que se transmite por vía aérea”.

La curva epidémica del país, han repetido las autoridades, está compuesta de múltiples curvas.

Este domingo, López-Gatell  destacó cómo los sistemas de salud estatales han ido agregando acciones comunitarias, como la detección temprana entre grupos poblacionales. Reiteró que la epidemia no se puede evitar ni cancelar ni suspender y llamó a tener paciencia.

Las entidades con máximo riesgo

Después de 69 días de una Jornada Nacional de Sana Distancia que paralizó al país, la responsabilidad de cuidar a las personas a través de las medidas sanitarias  ahora recae principalmente en las autoridades de cada entidad.

El país entra a la tercera semana con el semáforo estatal como el máximo indicador de covid, y poco menos de la mitad del país permanece en el máximo nivel de riesgo. En el día 28 de la nueva normalidad, 18 entidades de México reinician labores con medidas por alto riesgo de contagio, en semáforo naranja, mientras que 14 se mantienen en máximo riesgo priorizando el distanciamiento social.

Las 14 entidades que permanecen en rojo son: Estado de México, Puebla, Tabasco, Nuevo León, Oaxaca, Baja California, Hidalgo, Sonora, Sinaloa, Guerrero, Nayarit, Tlaxcala, Morelos y Colima.

La Ciudad de México, Tabasco, Sinaloa, Baja Californa y Sonora son los estados que conforman las entidades con la mayor tasa de prevalencia de la enfermedad, es decir casos de covid-19 se han registrado por cada 100 mil habitantes.

A continuación presentamos una síntesis del paso de la epidemia en algunos de los estados de la república.

Última actualización 28 de junio

Retumba en sus centros. El epicentro de la pandemia

El Valle de México, que incluye a la capital del país y los municipios conurbados del Estado de México, es el epicentro de la pandemia en el país. Desde sus inicios, más de la mitad de los casos de coronavirus se concentraron en esta región, que, después de un encierro de casi cuatro meses, empezará, escalonadamente, su vida en una nueva normalidad llena de reglas.

Desde mediados de mayo, la necesidad de la reapertura económica era un espejismo que nunca llegaba. En la ciudad, la “meseta” de la pandemia creó la ilusión de un pico inalcanzable y un descenso en casos más lejano.

El 7 de mayo la ciudad llegó a su cifra récord de contagios (XX), desde ahí la cantidad de casos nuevos diarios se estancó por varias semanas, hasta que el 19 de junio, la disminución de la ocupación hospitalaria por covid-19 empezó a mostrar una clara tendencia de disminución.

El 29 de junio la ciudad comenzó a retomar sus actividades de forma escalonada, pero desde inicios de mayo la urgencia económica hizo que el gobierno implementara políticas públicas más fuertes para detener la transmisión de virus. El 11 de junio, la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, inició un programa para detectar nuevos casos, aislarlos y dar seguimiento a sus contactos. El seguimiento llega a las casas de cada una de las personas detectadas y de sus contactos con brigadas de salud.

Dos semanas antes, los preparativos para la nueva realidad hicieron que nuevas actividades económicas se sumaran al cúmulo de las denominadas esenciales. La minería, la fabricación automotríz y la construcción. En el caso a esas actividades se sumó la producción de cerveza (cuya sequía se resintió en la ciudad por un mes), los negocios relacionados con las autopartes, la venta de bicicletas y el manejo de residuos.

Para evitar los congestionamientos viales y la saturación del transporte público la Secretaría de Movilidad habilitó ciclopistas emergentes, la más representativa sobre avenida Insurgentes, desde Periférico Sur hasta su intersección con la avenida Álvaro Obregón en la colonia Roma.

El gobierno de la ciudad implementó diversas políticas públicas de salud, como la de detección de casos nuevos, desde inicios de la pandemia; el 8 de mayo 585 trabajadores de la salud llegaron desde Cuba para asistir a los médicos mexicanos. La medida causó controversia, pues la relatora especial de la ONU sobre la Trata de Personas, Maria Grazia Giammarinaro, habría descrito las condiciones de trabajo de los cubanos semejantes al trabajo forzado. Por el apoyo la Ciudad de México desembolsó 135 millones de pesos.

La ciudad empezó a detener sus actividades entre la segunda y la tercera semana de marzo; la Jornada nacional de sana distancia inició el 24 de marzo.

En la frontera, el encierro es doble

El Gran encierro en la frontera norte de México se sintió doble. En ciudades como Mexicali o Tijuana el cierre del ingreso de extranjeros por parte de Estados Unidos hizo que miles de personas no pudieran llegar a sus trabajos, a sus escuelas o a los lugares donde comúnmente se abastecían de enseres generales.

Lo cierto es que uno de los primeros efectos de la pandemia en esa entidad se observó en el tránsito en la frontera, debido a las disposiciones inequitativas para los ciudadanos mexicanos. Como si la mayor carga epidémica estuviera del lado mexicano, las autoridades de Estados Unidos dispusieron que mientras dure la emergencia sólo pueden salir y entrar a su país residentes estadounidenses. En las ciudades fronterizas de Estados Unidos se han registrado muchos más casos y muertes por de contagios de Covid-19 que en las mexicanas. Se calcula que alrededor de 35 mil personas no pueden cruzar la frontera.

En esta región, el cierre de miles de maquilas llevó a que fueran consideradas como actividades esenciales para la economía del estado, que concentra el 17.7 por ciento de este tipo e fábricas en el país, con más de mil 125. A principios de mayo, durante la fase de mayor contagio de la pandemia de Covid-19, decenas de industrias reactivaron sus operaciones. La desconfianza de los empleados sobre las condiciones sanitarias en algunas de ellas brotó de inmediato.

Los trabajadores cuestionan la falta de equipo de protección y tienen inquietudes sobre sus prestaciones y su derecho a la salud, pues según la Secretaría de Salud, suman 12 decesos de empleados de maquiladoras en la entidad, que acumula 298 defunciones y se coloca como la segunda con mayor número de muertes en México

Index Mexicali, una unión de más de 130 maquiladoras de exportación, así como Toyota estaban ansiosos de abrir las plantas desde inicios de mayo. Durante esos días otras empresas fueron abriendo sus actividades. A finales de ese mes, en Ensenada, una maquiladora de equipo médico con más de 2 mil 100 empleados dejó de operar y cerró sus operaciones por un brote.

En esta entidad la mano dura de las autoridades estatales no logró que la gente se quedara en su casa. Cuando se confirmaron los primeros casos en el estado, el gobernador Jaime Bonilla cerró las playas y los centros comerciales y declaró: “Que no les extrañe que la policía, la Guardia Nacional o Estatal los cuestione si andan en la calle deambulando”.

Una semana después, en la ciudad de Mexicali se realizó una consulta ciudadana sobre la operación de la cervecera Constellations Brands con reclamos por la violación de la sana distancia y la pobre implementación de medidas sanitarias.

En abril, el gobernador Jaime Bonilla aseguró que el problema en la entidad “es que los habitantes de esta región no han entendido que no tienen que estar juntos ni andar circulando en las calles”.

Ida y regreso al Xibalbá, el turismo en la riviera maya

El 8 de junio las autoridades sanitarias federales determinaron que el semáforo sanitario de Quintana Roo podía pasar a fase naranja. La noticia fue como el chispazo de ignición para el turismo, motor económico del estado. Esa misma semana, casi un tercio de los hoteles de Cancún reiniciaron sus operaciones.

El alto tránsito aéreo internacional del estado lo puso en el frente de la pandemia. Fue uno de los estados, junto con la Ciudad de México y Baja California que más pronto iniciaron sus ciclos epidémicos.

Hasta esa fecha, la entidad había perdido más de 83 mil empleos. Según su gobernador, Carlos Joaquín González, con medidas fiscales de apoyo su gobierno logró mantener casi 400 mil empleos durante la pandemia. El primero de mayo, día del trabajo, firmó un pacto de unidad con los empresarios para que mantuvieran los empleos de la región.

La premura de las operaciones turísticas podrían llevar a que, en el semáforo regional que determina la secretaría de salud de ese estado, Cancún retome el semáforo sanitario en rojo. Lo que pondría en vilo un ansiado arranque de la actividad económica.

Durante abril, el número de turistas extranjeros que visitó México cayó un 97% con respecto al mismo periodo del año anterior. Al inicio de la pandemia se calculó que todo el estado dejaría de recibir 4 millones de turistas.

Los primeros días de la segunda semana de junio, después del anuncio, comenzaron a llegar los primeros turistas. A pesar de que las playas permanecen cerradas, viajantes de todos lados del mundo empiezan a llenar los cuartos de hotel, aprovechando ofertas y precios bajos.

En el estado, las medidas de contención son fuertes. Cuando se decretó la fase roja en el país, las últimas semanas de abril, el gobernador ordenó arrestar y multar a quienes no usaran un cubreboca en el espacio público.

Los meses de primavera, una de las temporadas altas en la región, pasaron como un fantasma por los hoteles de la región, que cerró sus operaciones desde inicios de marzo. Un mes antes, el primero de febrero, Darío Flota Ocampo, director del Consejo de promoción turística del estado, aseguró que la epidemia podría resultar benéfica para la entidad por el reacomodo de los flujos turísticos en el mundo; como si no creyera que la pandemia fuera a llegar a México.

Alarma temprana, reacción tardía

El segundo caso confirmado en el país llegó al puerto de Mazatlán, en Sinaloa. La persona que se enfermó se encerró en su cuarto de hotel para pasar la enfermedad. Ni el hotel, que siguió operando, ni el gobierno local o estatal tuvieron los mismos cuidados. Después del reporte del caso, el 28 de febrero, el secretario de turismo del estado descartó la llegada del virus al puerto. Creía que el virus no resistía temperaturas superiores a los 26 grados celsius.

Actualmente, es el tercer estado con mayor número de casos por cada cien mil habitantes y una tendencia de contagios que no cede.

La alta concentración hospitalaria hizo que las autoridades sanitarias tuvieran que reforzar sus esfuerzos de reconversión hospitalaria. “Los hospitales del estado públicos y privados no se encuentran saturados por atención a pacientes por coronavirus y cuentan con un plan de reconversión hospitalaria”, aseguró el 4 de junio el doctor Israel Duarte Arellano, coordinador de Unidades Especializadas de la secretaría de salud de Sinaloa.

La desesperación de algunos habitantes de la región de Los Mochis promocionaron que un sacerdote sobrevolara la región en una avioneta para dispersar agua bendita en la serranía.

La alerta por la pandemia sonó demasiado temprano en este estado con el caso del 28 de febrero. Casi un mes después, el 23 de marzo, solo habían 8 casos en la entidad. La sorpresa vino al día siguiente, cuando se registraron 16, desde ese día, los contagios no han desacelerado su propagación.

Hasta inicios de junio, no se prevé una fecha próxima para levantar la contingencia, cuya permanencia, aseguran las autoridades se debe a múltiples factores, entre los que destacaron la alta movilidad en las ciudades del estado, según el secretario de salud local, Efrén Encinas Torre.

El 21 de abril cuando a nivel nacional se declaró la fase tres de la pandemia, en Sinaloa la gente seguía saliendo a las calles. Horas antes de la declaratoria el gobernador Quirino Ordaz Coppel, dijo preocupado: “Hay mucha gente todavía, hay que decirlo como tal, que creen que no les va a caer. Que creen que el virus nunca les va a llegar, que se creen inmunes y éste no respeta a nadie”.

Alrededor de esas fechas, en redes sociales circularon imágenes de la hija de Joaquín “El Chapo” Guzmán, repartiendo despensas entre la población de Culiacán. Videos como este aparecieron en internet desde inicios de mayo, en Guadalajara, pero para esta fecha, la cobertura de las narcodespensas, se había ampliado. En otras regiones se registraron otras entregas parecidas a nombre de “Los Chapitos”. Junto con los videos de las despensas, en redes circularon otros donde supuestos integrantes de bandas del crimen organizado impusieron un toque de queda a las 10 de la noche en algunas regiones del estado.

El 18 de mayo, un mes después de que se restringiera la venta de alcohol en el estado para desincentivar la realización de reuniones, el gobernador, Quirino Ordaz levantó la ley seca. En redes sociales mandó un mensaje con un peculiar tono paternalista:

“Confío en que tod@s ustedes serán responsables y seguirán cuidándose en casa. Entonces, a partir de mañana ya habrá venta de cerveza y licores… pórtense bien por favor”.

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